lunes, 2 de febrero de 2009

adiós al espejo

Un día se despertó. Se vio por primera vez al espejo, como saliendo de un infinito letargo. Palpó su rostro, otrora lozano, y se preguntó qué habría pasado con él. Recorrió con la mirada las ojeras, semejantes a desvelos de madre, de mujeres mucho mayores que ella. Se desvistió. Se miró por primera vez sin excusas, sin evasivas. Notó los lugares que el sol había oscurecido, las nuevas cicatrices y los cabellos desarreglados. Se preguntó esta vez cómo había dejado que eso sucediera.

Concluyó, sin equivocarse, que había cambiado. No era su cuerpo el único testigo y víctima de tal transformación. Le sorprendió comprobar que sus ideas de hace seis años se presentaban en su mente como cursis garabatos de adolescencia, que los "rituales paroxísticos" habían sido sustituidos por actividades más tranquilas, encerrada, segura, asustada. Vio que tal evolución había dejado espacios en blanco, tenía objetos extraviados y estaba incompleta.

Mirándose sin piedad, le pareció inverosímil que tan sólo seis años hubiesen pasado: las consecuencias le parecieron nefastas, las medidas muy diferentes y el interior muy inconforme. Parte de ella se enorgullecía, bramando que había logrado escapar de la vanidad, como un necio mártir. La otra parte, sin embargo, sabía que era necesario hacer enmiendas, endurecerse y cambiar de nuevo.

1 comentarios:

A las 4 de febrero de 2009 a las 20:22 , Anonymous Anónimo ha dicho...

esto es excelente, creo que ya tengo un nuevo habito. pasarme por aitana luna y leerte!

espero cloe no sea resultado de algun defecto esquizofrenico de mi cerebro jeje. creo que solo es un pedacito de mi bohemiedad... (esa palabra no existe verdad?)

me alegra que te animaras al blog... veras que bueno resulta!

 

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