jueves, 24 de noviembre de 2011

debería ser todo morado

En estos momentos tan negros, ¿Qué no daría yo por tu felicidad morada, por esa alegría hermética que no deja entrar a la realidad? ¿Qué no daría yo porque se cerraran las brechas con la proximidad de las bocas? ¿Sería muy utópico pensar que las yemas de mis dedos puedan borrar las furias de tu mente? No hay siquiera esa risa décalée que he aprendido a extrañar. El conflicto se mira al espejo y sólo ve conflicto.

Cada vez me convenzo más de nuestra fragilidad, cada vez hay una distancia mayor entre el negro y el morado. Oírte decir que lo que yo consideraba hermoso y normal estaba deforme ante tus ojos (tanto así que se necesitaron huídas para mantenerlo a flote), crea una grieta dolorosa, me hace sentir estúpida y pueril.

El ceño fruncido tiene demasiada profundidad. Siempre me pregunto si llegaremos a la próxima batalla, si "para siempre" no habrá sido "hasta hace cinco minutos".

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio