un café madrileño
Veía a la gente pasar a través de la ventana de aquél café demasiado turístico, todos parecían calmados, con sus penas privadas adornándoles el rostro. Se concentró en una pareja que discutía violentamente en la acera y súbitamente se acordó de Paris; Madrid siempre le había parecido mucho más pacífica, menos cosmopolita, menos egoísta. Egoísta…"ciudad egoísta", lo anotó. Sabía que luego podría convertir esa frase en un poema nostálgico. Tal vez escribiría un tercer libro llamado “Souvenirs d’un café madrilène”, ese nombre despreocupado le encantaría a los intelectuales de
Sentía que la mirada inquisidora del mesonero estaba clavada en su cuello. Sin embargo, no intentó disculparse por haber pedido sólo agua mineral en los últimos veinte minutos. En lugar de eso, Marcia insistía en que le trajera más y le sonreía descaradamente, divertida. La impaciencia de ese hombre le parecía completamente banal cuando pensaba en los quince años que ella había tenido que esperar. Tras su pose de mujer nómada y altiva, volvía a ser una chica venezolana de veintiún años: nerviosa y llena de hipótesis. Se reprochaba constantemente el haber llegado temprano, pero había sido inevitable. Prefería encaminarse a las citas mucho antes cuando éstas ocurrían en ciudades que no conocía.
En ese momento lo vio aproximarse, molesto y apresurado. Marcia reparó en los vestigios evidentes de rutina: la corbata, el maletín y el carnet de identificación con el logo de una compañía. El Joaquín adulto le recordaba mucho a sus predicciones. Entró en el café y la localizó en segundos. Se miraron de arriba abajo y ella se detuvo en sus ojos de niño, con demasiada melancolía.
- Perdona que te haya hecho esperar, juro que no fue por venganza - Ella tuvo que reírse, interiormente celebraba que los años no lo hubiesen destruido.
- ¿Qué pasó? - preguntó, suponiendo que la conversación tenía que comenzar en algún momento.
- Estaba en una reunión…lo peor del divorcio siempre son los abogados - Él sonrió, pero Marcia no disimuló su asombro. Decidió, no obstante, no hacer preguntas al respecto, los límites del encuentro eran muy borrosos. Joaquín pareció percatarse de su repentina incomodidad y prosiguió. - ¿No estás casada?
Marcia levantó las cejas y le dedicó una risa irónica. Él se deleitó en el sonido lejano, recordando peleas – Huí del matrimonio como dije que lo haría y nunca me alcanzó.
- ¿Y el concubinato que tanto querías?- Ella negó con la cabeza mientras bebía más agua.
- No encontré a nadie dispuesto a pecar eternamente con una gitana como yo – Él rió con ganas, aceptando finalmente que nada había cambiado.
- ¿Has viajado mucho? – Quiso saber, cada vez más intrigado por esta mujer casi desconocida. Era tan igual a los anhelos de la joven Marcia y tan igual a la verdadera Marcia que no podía descifrarla, le causaba una fascinación infantil.
- Mucho más de lo que debería haber viajado – Respondió ella muy seria, secundada por algunos arrepentimientos. – Ha sido lo mejor y lo peor de mi vida – Joaquín no necesitaba más explicaciones, él siempre lograba entender sus laberintos.
- Me siento igual con respecto a mi matrimonio – Marcia asumió que le estaba dando permiso para preguntar qué había pasado.
- ¿Por qué no funcionó? ¿L’amour rend aveugle mais le marriage rend la vue?-
- Por algún motivo, vivir diez años en Madrid no ha hecho nada por mi francés – Los ojos de Joaquín jugaban y su voz le recordaba a tardes de estudio, a planes y a madrugadas, le daba juventud. – Pero no, no fue por un cambio súbito que ocurrió ese día en la iglesia –
- ¿Iglesia y todo? – La voz de Marcia se tiñó de curiosidad. No había previsto esa variación.
- De su dios, no el mío. Sigo estando libre de las ataduras religiosas – Joaquín hizo señas al mesonero, quien parecía aliviado de tener al menos un cliente familiarizado con el protocolo de los cafés. – Tráigame un expreso grande, por favor –
El empleado asintió y se dirigió a Marcia, a regañadientes. Ella le dedicó su expresión más francesa y le dijo. – Eso será todo, aún no decido…aunque podría traerme más agua – Vio con perversa satisfacción cómo los rasgos del muchaco se distorsionaban casi imperceptiblemente con la ira de aquél condenado a la obediencia, le causaba mucha gracia ese duelo silencioso. Raras veces se permitía jugar así con la cordura de alguien.
- Entonces, ¿Cuál fue el problema? – Inquirió retomando el tema.
- Un día me di cuenta de que no podría hacerla feliz – La simplicidad de esa declaración la golpeó salvajemente. Marcia sabía que Joaquín no era de los que se despiertan un día decididos a rendirse.
- No tuvimos hijos, eso lo facilitó todo – Joaquín bebía de su gran taza de café y ella escuchó en su tono las ganas de justificarse.
- ¿Sin hijos a los 36 años? No dejas de derrumbar mis teorías –
- Te entiendo. La verdad es que me habría gustado tenerlos…pero el trabajo de diplomático no ayuda a los matrimonios jóvenes – Dejó la taza en la mesa, vio en el semblante de Marcia una mezcla de compasión y admiración. Ella pensó sin vergüenza que Joaquín había escogido las metas adecuadas, no las que él habría preferido.
- ¿Te vas a quedar aquí en España? – Ella volvía a mirar por la ventana.
Él parecía desorientado. Había olvidado esa tendencia a cambiar de tema cuando quería evitar comentarios inapropiados. No respondió. Detalló a esa mujer diferente, a esa Marcia calmada, jovial, harta de lo inesperado y con ansias de quedarse. Lo abandonaron los años, se fugaron el matrimonio y Madrid y se fundió el orgullo , mientras las razones de hace quince años se desvanecían descontroladamente. Se encontró con sus ojos, que lo estudiaban sin remordimientos y comprendió que su matrimonio con Raquel nunca habría funcionado. Se sintió frágil.
Marcia lo analizaba sin hablar. Su mente lo había dibujado incontables veces en tantos años, pero el Joaquín frente a ella se burlaba de sus suposiciones, debilitando los cimientos del presente con sus posibilidades. Estaba convencida de no poder dejarlo ir de nuevo, encontraría la manera de transformar la futilidad de esa tarde en un motivo suficiente para que ambos se entregasen al absurdo.
El poema regresó a su memoria sin que pudiera impedirlo. Las palabras de Mario Benedetti parecían pronunciarse solas:
« Te dejo con tu vida
tu trabajo
tu gente
con tus puestas de sol
y tus amaneceres
sembrando tu confianza
te dejo junto al mundo
derrotando imposibles
seguro sin seguro
te dejo frente al mar
descifrándote a solas
sin mi pregunta a ciegas
sin mi respuesta rota
te dejo sin mis dudas
pobres y malheridas
sin mis inmadureces
sin mi veteranía
pero tampoco creas
a pie juntillas todo
no creas nunca creas
este falso abandono
estaré donde menos
lo esperes
por ejemplo
en un árbol añoso
de oscuros cabeceos
estaré en un lejano
horizonte sin horas
en la huella del tacto
en tu sombra y mi sombra
estaré repartido
en cuatro o cinco pibes
de esos que vos mirás
y enseguida te siguen
y ojalá pueda estar
de tu sueño en la red
esperando tus ojos
y mirándote. »
- Chau número 3 – Susurró él. Eso fue todo, la espera había terminado.


2 comentarios:
oh si! debemos vernos! me encanta como la historia de marcia y joaquín empieza a cobrar vida!. Me alegra mucho que regresaras. Había posteado unas cosillas pero sin vos mi fiel lectora y escritora tampoco puedo jeje.
Primaa!!! realmente es asi! aunque yo ando algo indispuesta en ese sentido (jeje como dicen las abuelitas) estoy super emocionada con mi graduación!!! es a las 12 del mediodía... y si nos hubiera tocado la misma fecha hubieramos tenido acto juntas aww!!! pero bueh... estoy con muchas ideas en mi cabeza!!! y estoy dándole forma... el sindrome de page blanche pronto pasará... la observación ayuda y por ahora tienes poca pues solo ves la tele gracias a la gripe jiji!! TQM primis!!! beshos!!
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