lunes, 13 de abril de 2009

las increíbles aventuras de Layla, Parte IV.


Victoria Silva nació en medio de un diluvio autumnal y, predeciblemente, combatiría tempestades hasta el final de sus días. Ser la mayor de seis hermanos y tener padres que dedicaban limitado tiempo a criarlos le dejó poco espacio para la banalidad. Fue una niña demasiado independiente e inevitablemente resentida. La naturaleza de su carácter la habría convertido en una adolescente despiadada, de no haber sido por Layla.


El 15 de agosto de 1.994, Victoria despertó bruscamente a causa de una retahíla interminable de gritos provenientes del primer piso. Desde su cuarto, sólo escuchaba palabras aisladas que su mente infantil no logró conectar. Un año más tarde, el divorcio de sus padres le haría comprender que esa mañana el señor Silva había descubierto el adulterio de su esposa. Quería volver a dormirse, pero sabía que no podría. Vio sin sorpresa que sus dos hermanas, Laura y Sofía, lloraban abrazadas en la cama contigua. Esa mañana, como tantas otras, asumiría el rol de madre que la señora Silva rehusaba desempeñar.


Un portazo anunció el final de la disputa dos horas después. Una vez que su madre se hubo encerrado en su cuarto a llorar, Victoria salió de la casa, decidida a alejarse. Se dirigió al parque, como solía hacer cuando se sentía agobiada y deseó fervientemente encontrarlo desolado. Sin embargo, no fue así; una niña jugaba animadamente con una muñeca. Estaba sentada de espaldas a ella y Victoria se aproximó sigilosamente con el propósito de asustarla. Se encontraba a pocos centímetros cuando fue interrumpida súbitamente por una voz impasible.


- ¿Quién eres? –


La otra niña le daba la espalda aún y eso la asustó levemente.


- ¿Cómo supiste que estaba detrás de ti? –


- Haces mucho ruido –


La desconocida se volteó pero, en lugar de mirarla, observó un punto lejano en el horizonte. Victoria no había conocido a ningún ciego, pero evaluó los ojos de su acompañante con perspicacia, convencida de que algo no estaba bien.


- ¿Por qué miras hacia allá? –


- En verdad no puedo ver…no importa mucho en qué fije la mirada.


Victoria escuchó la risa de alguien acostumbrado a sus limitaciones, pero se sintió incómoda y no dijo nada. La niña dejó de reír, adivinando el motivo tras el silencio.


- No te preocupes, no tenías forma de saber. Me llamo Layla.


- Yo me llamo Victoria –


- ¿Quieres jugar conmigo? –


La niña Victoria ya tenía mucho de la adolescente Victoria y desconfió instantáneamente de la repentina amabilidad.


- No traje juguetes –


- Yo tengo dos muñecas –


Victoria aceptó renuentemente, diciéndose que podría salir corriendo si llegaba a pasar algo extraño. Habían pasado un cuarto de hora jugando cuando Layla, llena de curiosidad, preguntó:


- ¿Vives cerca de aquí? -


- Sí, a cuatro casas –


- No sabía…y ¿Por qué saliste hoy? –


- Estaba aburrida –


Victoria mintió sin remordimientos, no tenía deseos de confesar sus problemas familiares a la única persona de su edad que parecía firmemente decidida a ser su amiga. En ese momento, una señora de rostro severo y mucho mayor que su madre se acercó a ellas. Miraba únicamente a Layla con una devoción hierática que le era desconocida.


- Ya tenemos que irnos, despídete hija -


Las cejas de la niña descendieron hasta tocarse en un gesto de reproche.


- Pero mamá, quiero quedarme a jugar con mi nueva amiga –


Victoria no pudo ocultar su asombro, esa frase le había revelado dos cosas. La primera era que Layla daba una importancia liliputiense a la atención que ella anhelaba desesperadamente en su hogar y la segunda, que esa chica ciega y caprichosa sería su mejor amiga.


En los diez años que siguieron, esa amistad destruiría gran parte de sus tristezas, devolviéndole la fe y haciéndola más feliz. De igual manera, Victoria evitaría que Layla sucumbiera ante el miedo y le mostraría cómo burlarse de la imposibilidad. Juntas, tendrían una infancia llena de dragones, misiones, príncipes y guerras. Su magnetismo atraería nuevos amigos dispuestos a acompañarlas en sus extravagancias y la soledad se esfumaría como si nunca hubiese podido existir. La adolescencia, por otra parte, las amenazaría con gustos opuestos, amigos nuevos y opiniones contrastantes pero no las separaría. Sus aventuras pueriles se convertirían en proyectos extraordinarios y se aferrarían a la vida con vehemencia.


El 10 de julio de 2.004, Victoria hablaría con su mejor amiga por última vez. Estaban en el cuarto de Layla, sentadas en el sofá, conversaban de trivialidades y bromeaban despreocupadamente.


- ¡Creo que estas serán las mejores vacaciones! –


- ¿Por qué? ¿Finalmente le dirás a Javier la verdad? –


El tono de Layla era juguetón y Victoria le arrojó un cojín, sonrojándose ligeramente.


- ¡Claro que no! Me refiero al curso de arte en París –


- ¡¿Ya recibiste la respuesta?! Pensé que la enviarían en dos semanas-


- ¡Yo también! Pero mi trabajo los impresionó y me llamaron ayer… ¡Estoy tan feliz! –


Gritaron y se abrazaron en medio de una gran exaltación. Se fortalecía cada vez más la convicción de poder lograr incluso sus metas más alocadas. Quedaron en silencio un instante, maravilladas. Victoria fue la primera en hablar:


- Es como si todo tomara forma…como si nuestras vidas estuvieran por comenzar. Debo confesar que me da un poco de miedo –


- ¿Miedo? ¿A que no entiendan tu escaso francés y te veas obligada a hacer gestos para poder comer? -


Ambas rieron con ganas y Victoria agradeció infinitamente el comentario, había logrado distraerla brevemente de sus preocupaciones. Layla sabía, no obstante, que no había sido suficiente.


- En serio, ¿Qué puede asustarte? –


- Fallar, descubrir que no sirvo para la pintura y no saber qué hacer –


- Entonces nos iremos dos años a la India en un viaje de peregrinación y meditaremos hasta que te redescubras…todo va a estar bien, esta es la edad para fallar. Tenemos toda una vida para hacer las cosas bien


- ¿Y si no? -

- La tenemos, no seas melodramática –

5 comentarios:

A las 13 de abril de 2009 a las 21:59 , Anonymous Anónimo ha dicho...

pienso igual.. si las cosas salen mal.. me ire a la India en un viaje de peregrinacion... jeje... este es más descriptivo... me gusta más el anterior... pero este es necesario. Prima, si esto no funciona te llevaré a la India conmigo ;)

 
A las 13 de abril de 2009 a las 22:04 , Anonymous Anónimo ha dicho...

la dra. stevens sin embargo me recuerda un poco a greys anatomy jejeje... no en serio, a mi criterio (no confies mucho en el) pero me parece que tiene buena estructura narrativa... obviamente cada fragmento te hace dudar un poco, habrá que ver como continúa... a mi me gusta.

 
A las 14 de abril de 2009 a las 11:32 , Blogger Yose. ha dicho...

Es verdad prima, este es necesario. La idea era profundizar un poco en el personaje de Victoria. Tanto rollo pensando si en verdad logró volver y no se sabía nada de ella. Me alegra que te haga dudaaaar :-D quería que este cuento fuese una sola duda gigante! Pues sí, la India nos espera si nada funciona...pero espero que no tengamos que recurrir a eso jejej Gracias primaaaaaa te extrañéeeeee! nos vemos el viernes!

 
A las 25 de abril de 2009 a las 17:18 , Blogger M. ha dicho...

mami y todo esto es tuyo???


marii

:) LOVE ese final!

 
A las 28 de abril de 2009 a las 9:31 , Blogger Yose. ha dicho...

Niñaaaaaa!!! Nunca creí que leerías mi blog! Me da penita jejeje

 

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