viernes, 26 de febrero de 2016

tres letras

Cuando algo duele, doler de verdad, no un roce a la tristeza, sino garras que se clavan en cicatrices viejas y las abren hasta volverte un espacio, el ser que se transformó en el vacío de todas sus inseguridades. Cuando algo duele así, resultan increíbles las mentiras que nos decimos para quitarle la existencia. No digo "matar" porque sabemos que vive, es quitarle provisionalmente la vida, como si fuera un sombrero que, según nosotros, le queda muy grande.

Yo empecé por borrar su nombre de mis palabras. De la misma manera como yo no existí hasta que tuve nombre, elijo que ella se desvanezca. Después, quise meterla dentro de mis verbos, un accesorio en la conjugación, podría ser un lunar que no se te ve. Así, cuando te pregunto "¿Van al cine?" ella es tanta gente posible que termina siendo nadie, tres letras con las que alguien completó una línea.

Y no es ella, no es su culpa. No hizo más que estar allí y enamorarse. Se descosió, nos pasa a todos. Gritó y te exasperó, te habría pasado con cualquiera. Nada hay particularmente meritorio de la no-vida que yo uso para adornar la idea de ella.

Y no es ella, soy yo. Yo, que después de mucho frotarme las manos con esperanzas, siento el mismo rechazo desde dos carencias completamente distintas. Soy yo, que me imagino lo que no hay y pienso que podría venir. Yo, que cierro los ojos y veo que la fantasía está construida de un material parecido al de la realidad. Yo, que me dejo distraer con posibilidades. Tú eres tú, y la sombra de ti que está conmigo, que se queda donde yo estoy y entrelaza mis dedos bajo el sol, porque hoy no sabemos para dónde vamos ni es remotamente importante. También yo soy yo, y la sombra de mí que camina contigo y tiene permisos sin dudas. 

Y no es ella, soy yo, que no me cuido, que soy más dura conmigo que con nadie y quiebro los espejos con la mano abierta. Soy yo, que busco los añicos y los hago aún más pequeños. Soy yo, que no sé ser de otra manera, acostumbrada a que el amor es como la amistad, excepto por la desolación del aislamiento. Soy yo, que tengo amores siempre a medias.

Aquí, en esta oscuridad sin ruidos sí soy yo, no es ella. 

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