miércoles, 20 de enero de 2010

las verdades de Domenica

Domenica llegó después de una semana. No era particularmente creyente de la puntualidad o la anticipación. Llegó cargada de maletas, luego de un largo día de ferrovías. Llegó derrotando mis suposiciones, llegó más baja, más informal, con una melodía diferente. Se introdujo en mi apacible rutina como una maravillosa sorpresa, como algo nuevo que brilla. Ambas nos pusimos nuestros mejores disfraces, las conversaciones seguían el protocolo adecuado.

Pronto las imágenes se fueron desvistiendo, se asomaba la amistad como una posibilidad. A veces, me costaba descifrarla. Ahora entiendo que probablemente se debía a que ella misma no podía descifrarse. Domenica caminaba sin mapa. Su vida se extendía ante ella como un laberinto de opciones. Pasó muchas tardes intentando, buscando piezas. Ojalá se haya encontrado al final. Demostró en innumerables ocasiones una compasión hacia los animales o una devoción hacia la ecología que no llegaron a alcanzarme nunca.

Supongo que ella me adjudicó algún prejuicio desde el primer día. Me encontró elitista e inmadura y asumió con resignación que le tocaría cuidarme. Supongo, igualmente, que los lazos no se entretejieron ante sus ojos, que era una visión muy mía, muy de mi sol, de mi inocencia. Supongo, finalmente, que todo lo estudió con su habitual mente práctica, como si fuese un negocio de siete meses.

Había en ella una cierta prepotencia que, debo admitirlo, era una hija que engendramos entre las dos. En ese carácter sombrío quedaban una repugnancia hacia el auxilio, un desinterés absoluto en involucrarse más de lo debido y parte de su inherente narcisismo.

Mucha oscuridad se originó del esclarecimiento de nuestra situación. "No soy tu niñera ni tu secretaria" y desapareció. Efímera, como siempre había querido ser. Se disolvió entre edificios y metros, pasó a ser una imagen del pasillo y un café esporádico. Se borró hasta llegar al saludo, como si tuviéramos amnesia.

Fue una lección que no podría catalogar como buena o mala, fue una lección necesaria, una lección de límites y del viejo continente; un comienzo que tenía todo a su favor, pero que no supo avanzar.

Me despido de tí, Domenica, como no pensé que lo haría cuando te conocí. Me despido rotundamente, dándote la mano, sin lágrimas ni promesas y con el inminente olvido.

3 comentarios:

A las 25 de enero de 2010 a las 19:43 , Anonymous Anónimo ha dicho...

¿que pasó?

:O

¿realidad o ficción?

"Supongo, finalmente, que todo lo estudió con su habitual mente práctica, como si fuese un negocio de siete meses."
Me encanta esta frase...
Me gusta mucho tu realidad-irreal, con ese toque de cotidiano. Me gusta cuando te sumerges en las emociones y en esa red extraña en la cual nos enredamos.

Pero sigo preguntando ¿que pasó?

 
A las 25 de enero de 2010 a las 19:46 , Anonymous Anónimo ha dicho...

tal vez te llame pronto. te extraño muchiiisimo.

 
A las 1 de febrero de 2010 a las 12:13 , Blogger Yose. ha dicho...

primaaaaa!!! He vuelto a la red!! Realidad, cruda, desnuda, seca y cegadora realidad. Primero fue "Domenica" ahora me da problemas el propietario con sus episodios Dr. Jekyll/Mr. Hyde!

Ay prima...no sabes la falta que me hace el Sol de mi tierra, en todos los sentidos.Me falta la gente cálida, que no se disfraza, que es humana desde adentro hacia afuera, pasando por el meñique del pie.

No digo que no tenga suerte de estar aquí, las bendiciones llegan, como siempre (en cuatro días me voy a España)pero hay lecciones que no me habría gustado aprender.

 

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