martes, 6 de octubre de 2009

la luna se decepciona

La luna es más curiosa en estas tierras. Te observa descarada, quiere ser tu cómplice pero tiene la crueldad de un niño. La playa había cansado al día y la noche lo convertía todo en intimidad. Hablábamos en murmullos, como si el mar estuviese dormido y no quisiéramos despertarlo. Recuerdo sus ojos antes de que lo dijera porque no sabía qué esperar, esas pequeñas lagunas no me decían nada.


“Si te pudiera besar…”


La frase quedó hasta allí, pero mi mente anhelante se encargó de completarla con una ansiedad propia. En efecto, si te pudiera besar, creo que te mordería. Te mordería hasta que tu sangre ahogue mi deseo, esa hambre desesperada que se queda en mi garganta, construyéndote y destruyéndome.


Por supuesto, si te pudiera besar, lo haría con una ferocidad animal, como liberada finalmente de mis cadenas. Es que tenerte cerca me alejaría de esa maldita imagen de mi, crecería en centímetros y en años, habría cedido la necesidad de protección.


Como en todas mis utopías de hombres que nunca conocerás, como lo haría el tú que no existe y como si salieras del mundo al revés, si fuera yo quien te besara, tus ojos no estarían condenados al mutismo. Esas negruras del sur susurrarían sinsentidos, acariciarían mis sienes y encontrarían en mis pupilas un reflejo de sí mismas, convergerían en bocas y ya no habría escapatoria.


“…pero en fin, sos como mi hermanita”.


Lógicamente y aunque te pudiera besar. Levántate, hay que regresar.