domingo, 22 de agosto de 2010

la boca y todas sus angustias

Eres quien no creí que eras. Me costó determinar cuándo la danza de nuestras bocas se había despertado desde ese lugar en nuestras entrañas donde siempre había existido la posibilidad. Todo muy mecánico, pedagógico y científico, pero nadie puede engañarse por mucho tiempo.

¿Dónde están los límites? ¿Cuatro años de amistad me dan derecho a cuántos centímetros de piel? Con la arrogancia de los excelentes amigos, pensé que te tenía descifrado, que a tu capítulo le faltarían, siquiera, algunas comas, pero me toca reescribirte porque eres como no creí que eras.

Eres de los que saben que para llegar a la boca hay un camino, de los que entienden que la anatomía es un todo y no un conjunto de cavidades, eres de los que saben que se deben desvestir primero los miedos, eres de los que besan narices y dedos entrelazados, eres de los que comprenden al cuello, eres de los que llegan hasta donde yo quiero, eres de los buenos.

Estamos inconclusos, tú tienes un pasado que acaba de convertirse en tal, que todavía tiene sombra en tu piso y yo, fiel a la naturaleza de ambos, analizo (¿o sobreanalizo?) los riesgos del futuro. Por ahora, que se fundan las angustias de mi boca en la tuya.